Quizá sea problema mío, pero este mensaje en el twitter de
Messi me resulta perverso y repulsivo. En gran parte me lo parece porque es tan
improbable que Messi sea su autor como que sea capaz de hacer correctamente su
declaración de la renta. Me parece sensato que si crees, o te convencen, de que
lo que con tu nombre aparezca va a ser leído y juzgado por miles, y si cometes
un error millones te van a criticar, permitas que otro escriba en tu nombre. Pero
en ese caso no permitas que redacte mensajes con un tono personal, porque
entonces es imposible no ver el rostro, grosero y feo, del artificio.
Quien haya escrito eso, lo habrá ello siguiendo las
instrucciones válidas para cualquier tragedia, celebración o muestra,
cuidadosamente espontánea de la vida familiar de la estrella. No ofender a
nadie, corrección en el humor y la sensibilidad, agradar a los fans y a los
patrocinadores.
Habrá quien diga que aunque el mensaje sea ajeno y no
sentido, es el que conviene a un embajador de la ONU, y puede ayudar a que
muchos de sus seguidores tomen conciencia de ese drama. En primer lugar dudo de
que alguien por simple talento deportivo y popularidad merezca ese honor, y en
segundo tengo muy poca fe en que quien adquiere conciencia de los males del
mundo por un tweet de Messi, se vea profundamente conmovido e impulsado a la
acción.
Por supuesto no sólo es Messi quien, supongo que leyendo con
tan poca atención como otras declaraciones, firma las palabras de otro. Y si no
son las de otro, son las de quien se quiere aparentar ser. No solo por interés de
mercado, de fama y de contratos, también simplemente por construir una
identidad virtual mucho más presentable que la real, por quedar bien y
conseguir muchos me gusta.
Entiendo, y hasta acepto, que en internet prime el retoque
favorecedor sobre la sinceridad, que haya mucha más publicidad que confesiones,
pero no me parece tolerable que se trafique con el dolor.