Sí, el final de juego de tronos puede ser decepcionante.
Para llegar a él se vulneran aspectos básicos de la lógica, la estrategia, la
física y la matemática. Pero el aspecto que no creo que sea desacertado es la
evolución del personaje de Daenerys. Se ha acelerado el proceso, sí, por conveniencias
de guión. Pero es una evolución muy humana que se ha dado con frecuencia en la
historia. Sin dragones pero con otras formas de poder.
Tyrion lo explica muy bien en el capítulo final:
“Cuando asesinó a los esclavistas de Alstapor seguro que
solo se quejaron los esclavistas; al fin y al cabo eran malvados.
Cuando crucificó a cientos de nobles merinos ¿quién iba a
discutirlo? Eran malvados.
¿Y los Khal dothrakis que quemó vivos? Le habrían hecho algo
peor a ella.
Allí por donde pasa todos los malvados mueren y la aclamamos
por ello.
Y se vuelve más poderosa, y más segura de que es el bien y
la justicia.
Cree que su destino es erigir un mundo mejor para todos.
Si lo creyeras, si de verdad lo creyeras no matarías a quién
se interponga entre ti y el paraíso”
La visión de Daenerys como libertadora, ocultaba su
crueldad, su endiosamiento, su preocupación por hacer su voluntad sin importar
el coste, su absoluta falta de aprecio por el pueblo al que decía defender. Dispone
del poder para hacer su voluntad, y es lo que pretende. Lo demás es un relato
para justificarse; eso sí, un relato convincente y emocionante, que arrastra a
muchos seguidores.
Las revoluciones, como la de Daenerys, suelen tener motivos
legítimos para el alzamiento. Una situación de injusticia, de abuso, crea una
natural rabia que en algún momento no se contiene. Un estallido que se extiende
entre todos los oprimidos, y que suele tener un cabecilla. Alguien que sabe
como alimentar y enfocar la rabia, y que tiene capacidad para liderar la lucha.
Un movimiento que es normal que despierte simpatías puesto que trata de
corregir una situación inaceptable. El problema viene cuando la revolución
tiene éxito. Entonces los revolucionarios, que se siguen considerando los
buenos, los poseedores de la razón y el conocimiento de lo justo y conveniente,
tienen el poder. Tienen un poder con el que han soñado y que no van a renunciar
a emplear. Se ha conseguido derrotar al enemigo, pero eso ya no basta; hay que
hacerlo desaparecer, y eliminar cualquier posible resistencia al plan
revolucionario. Pero claro, no todos los revolucionarios son iguales, y no
todos tienen el mismo plan. El cabecilla, el salvador, quien dispone del máximo
poder, siente que tiene que seguir con su obra, y está seguro de ser quien
mejor puede dirigir el rebaño. Y para ello no va a dudar en eliminar cualquier
oposición dentro del movimiento revolucionario.
Esta eliminación de la resistencia se expresa en el diálogo
entre Daenerys y John Snow:
“- El mundo que necesitamos no se construirá con hombres
leales al mundo que tenemos.
- ¿Cómo sabes que
será bueno?
- Porque sé lo que es bueno.
- ¿Qué hay de los demás? ¿Qué hay de todos los que aún no
saben que esto será bueno?
- No tienen elección.”
El resultado es que se va de una opresión a otra en la que
hay un intercambio de personajes.
Decía que la revolución suele tener motivos legítimos. Pero
lo importante no es que realmente existan. No es necesario que haya una
vulneración indudable de los derechos fundamentales del ser humano. Lo imprescindible
es que haya un grupo, con poder bastante para provocar cambios, que considere
que hay un motivo válido para alzarse.
Ni siquiera es necesario exponer un motivo, una idea, algo
que mueva a la acción desde la razón. Incluso es mejor algo distinto a eso: una
creencia. Ningún argumento, ningún hecho, pueden vulnerar una creencia. Quién
la tiene, no tiene una opinión, tiene una visión que debe imponerse a todos los
que no ven.
En España hubo un conato de revolución hace unos años. El 15
de mayo de 2011, más de ocho años ya. Pocos negaran que había motivos para la
indignación. Se generó ilusión. Hubo reflexión, discusión y movimiento. Esa fuerza
emergente no provocó una explosión; se canalizó en ámbitos democráticos, dentro
del sistema, pero con una expresada intención reformadora. Nació Ciudadanos que
pretendía cambios desde el liberalismo, preocupado de defender a las personas
de poderes dañinos. Nació Podemos que prometía devolver al poder al pueblo
arrebatándoselo a las minorías corruptas.
Empezaron con fuerza y llegaron a tener influencia, haciendo
pensar en el fin del bipartidismo. Pero cuando se han estabilizado y acomodado
lo que ha ocurrido es que se olvidaron de aquello que les hizo nacer. Sin
cumplir sus valores originales se siguen creyendo igual de limpios. Y sus
líderes…sus lideres sufren el efecto dracarys, y creen que son quienes están en
posesión de la verdad, por lo que no admiten ser cuestionados y eliminan
cualquier oposición interna. Fuerzas que se integraron en el sistema para
transformarlo desde dentro y que además de fracasar, van a desalentar nuevas
tentativas de reforma.
Si yo tuviera un dragón, y entenderse dragón como un arma de
poder inigualable, probablemente empezara utilizándola para el bien común,
acabando con organizaciones dañinas como el narcotráfico, las entidades que
ofrecen préstamos rápidos o las tunas. Pero acabaría empleándolo para mi propio
bien, o mi capricho. Seguramente me sentiría bien, haciendo uso de mi poder de
forma arbitraria, sin importar el resultado. Porque quien se atribuye un día el
papel de héroe, cree serlo siempre. Porque quien se considera el bueno en su
propia historia, considera que solo puede ser villano en la historia de los
equivocados.