martes, 5 de noviembre de 2019

EL OTRO DEBATE


 Ayer, en una calle cualquiera de nuestro pa…de nuestro Estado, cinco…seres humanos, cuyos nombres son Pedro, Santiago, Pablo, Albert y Paul (bueno, también se llama Pablo, pero le gusta Paul, le suena internacional y con clase), tuvieron la siguiente conversación:

Pedro—¿Bueno, qué hacemos esta tarde?

Santiago—Pues no sé, teníamos que haber ido a los toros pero como el mariquita este no quiere…

Pablo — Es un espectáculo oscuro, retrógrado, lleno de sufrimiento. Mejor un entretenimiento culto, por ejemplo una buena película.

Pedro — Una peli puede estar bien.

Albert — No voy a votar en contra.

Santiago — Venga vale, que no se diga que no soy demócrata. Pero vamos a un cine bueno, ¿eh? A mi no me llevéis a uno en el que haya moros o panchitos.

Paul — Podemos ir al de mi barrio, que es más caro, pero es un cine de alto nivel.

Albert — Yo me puedo sentir bien en cualquier cine. El del barrio rico ya me va bien.

Pedro — No es mi ambiente preferido, pero puedo ceder en pro de la armonía.

Santiago — Pedro, tú lo que quieres es ligar con mujeres ricas, cabrón. Pero no me extraña, se cuidan mucho y huelen muy bien. Y saben cual es el papel de la mujer, no se andan con empoderamientos ni gilipolleces.

Pablo — Lamentable tú veneración del patriarcado. Y me repugna este desprecio a los barrios humildes. Pero bueno, la verdad es que ese cine no me queda lejos de casa.

Santiago — Patriarcado el que tengo aquí colgado. Vamos a ver la de Rambo ¿no? Paul, apóyame, que si no el Pedrito y Pablete van a querer ir a uno de cine independiente español. Y Albert es capaz de unirse a ellos. Menudo coñazo. A mi me gusta lo español más que a nadie, pero lo español de verdad, no esa mieeerda que atenta contra nuestros valores tradicionales. En nuestro cine hay mucho moderno piojoso, y mucho maricón y mucha lesbiana.

Albert — Eh, yo tengo criterio propio, y hago oír mi…

Pedro — Señores, escribe Quim. Dice que su barrio está muy separado de los nuestros. Que solo está dispuesto a quedar con nosotros si le pagamos la entrada y las palomitas.

Santiago — Anda y que le follen.

Pablo — Hay que tener comprensión con las especiales circunstancias de nuestro compañero. Hay que valorar su propuesta y darle una respuesta que demuestre nuestro deseo de concordia.

Santiago — Hay que darle un par de hostias.

Pedro — Santiago, tu eres nuevo en el grupo y no comprendes bien la situación…

Santiago — ¿Qué hay que comprender? Menos mal que he llegado yo, porque si no abusa de vosotros cualquiera. Hacedme caso a mi y os irá mejor.

Albert — Quina jeta el Quim, yo también soy de su barrio y no hay tanta distancia. Es cuestión de querer. Si se monta ahora en el 155 no tardaría nada.

Paul — No se puede ceder a estas imposiciones unilaterales.

Santiago — Ahora lo dices, si todos sabemos que le has estado pagando de todo. Tu y el Pedrito. Lo que no se es si le habréis dado solo dinero o también le habréis pagado en carne. ¿Le habéis hecho algún favorcito, eh?

Pablo — Déjate de mama…de tonterías

Pedro — Bueno, creo que debo ejercer de líder y contestarle: “Tú vente para acá, y ya vemos” emoticono de guiño.

Santiago ­— Pero que maricas sois.

Pedro — Ha contestado “Iré, pero no estoy dispuesto a ceder en ninguna de mis peticiones”.

Pablo — Es un gesto de buena voluntad que debemos valorar. Creo que aquellos de vosotros que tenéis más capital podéis soportar el gasto adicional.

Santiago — Es una demostración de que no tiene huevos de ir solo a ningún sitio. ¿Te lo digo más claro? No tiene huuuevooos.

Albert — Yo a su lado no quiero estar, os lo digo ya.

Paul — Albert tu harás lo que se te diga.

Pedro — Eso Albert. Y tu también Pablo.

Santiago — Que panda de nenazas. Y que por vuestra culpa me haya perdido una magnífica corrida…














domingo, 30 de junio de 2019

El efecto dracarys o si yo tuviera un dragón cuantas cosas quemaría


Sí, el final de juego de tronos puede ser decepcionante. Para llegar a él se vulneran aspectos básicos de la lógica, la estrategia, la física y la matemática. Pero el aspecto que no creo que sea desacertado es la evolución del personaje de Daenerys. Se ha acelerado el proceso, sí, por conveniencias de guión. Pero es una evolución muy humana que se ha dado con frecuencia en la historia. Sin dragones pero con otras formas de poder.

Tyrion lo explica muy bien en el capítulo final:

“Cuando asesinó a los esclavistas de Alstapor seguro que solo se quejaron los esclavistas; al fin y al cabo eran malvados.

Cuando crucificó a cientos de nobles merinos ¿quién iba a discutirlo? Eran malvados.

¿Y los Khal dothrakis que quemó vivos? Le habrían hecho algo peor a ella.

Allí por donde pasa todos los malvados mueren y la aclamamos por ello.

Y se vuelve más poderosa, y más segura de que es el bien y la justicia.

Cree que su destino es erigir un mundo mejor para todos.

Si lo creyeras, si de verdad lo creyeras no matarías a quién se interponga entre ti y el paraíso”

La visión de Daenerys como libertadora, ocultaba su crueldad, su endiosamiento, su preocupación por hacer su voluntad sin importar el coste, su absoluta falta de aprecio por el pueblo al que decía defender. Dispone del poder para hacer su voluntad, y es lo que pretende. Lo demás es un relato para justificarse; eso sí, un relato convincente y emocionante, que arrastra a muchos seguidores.

Las revoluciones, como la de Daenerys, suelen tener motivos legítimos para el alzamiento. Una situación de injusticia, de abuso, crea una natural rabia que en algún momento no se contiene. Un estallido que se extiende entre todos los oprimidos, y que suele tener un cabecilla. Alguien que sabe como alimentar y enfocar la rabia, y que tiene capacidad para liderar la lucha. Un movimiento que es normal que despierte simpatías puesto que trata de corregir una situación inaceptable. El problema viene cuando la revolución tiene éxito. Entonces los revolucionarios, que se siguen considerando los buenos, los poseedores de la razón y el conocimiento de lo justo y conveniente, tienen el poder. Tienen un poder con el que han soñado y que no van a renunciar a emplear. Se ha conseguido derrotar al enemigo, pero eso ya no basta; hay que hacerlo desaparecer, y eliminar cualquier posible resistencia al plan revolucionario. Pero claro, no todos los revolucionarios son iguales, y no todos tienen el mismo plan. El cabecilla, el salvador, quien dispone del máximo poder, siente que tiene que seguir con su obra, y está seguro de ser quien mejor puede dirigir el rebaño. Y para ello no va a dudar en eliminar cualquier oposición dentro del movimiento revolucionario.

Esta eliminación de la resistencia se expresa en el diálogo entre Daenerys y John Snow:

“- El mundo que necesitamos no se construirá con hombres leales al mundo que tenemos.

 - ¿Cómo sabes que será bueno?

- Porque sé lo que es bueno.

- ¿Qué hay de los demás? ¿Qué hay de todos los que aún no saben que esto será bueno?

- No tienen elección.”

El resultado es que se va de una opresión a otra en la que hay un intercambio de personajes.

Decía que la revolución suele tener motivos legítimos. Pero lo importante no es que realmente existan. No es necesario que haya una vulneración indudable de los derechos fundamentales del ser humano. Lo imprescindible es que haya un grupo, con poder bastante para provocar cambios, que considere que hay un motivo válido para alzarse.

Ni siquiera es necesario exponer un motivo, una idea, algo que mueva a la acción desde la razón. Incluso es mejor algo distinto a eso: una creencia. Ningún argumento, ningún hecho, pueden vulnerar una creencia. Quién la tiene, no tiene una opinión, tiene una visión que debe imponerse a todos los que no ven.

En España hubo un conato de revolución hace unos años. El 15 de mayo de 2011, más de ocho años ya. Pocos negaran que había motivos para la indignación. Se generó ilusión. Hubo reflexión, discusión y movimiento. Esa fuerza emergente no provocó una explosión; se canalizó en ámbitos democráticos, dentro del sistema, pero con una expresada intención reformadora. Nació Ciudadanos que pretendía cambios desde el liberalismo, preocupado de defender a las personas de poderes dañinos. Nació Podemos que prometía devolver al poder al pueblo arrebatándoselo a las minorías corruptas.

Empezaron con fuerza y llegaron a tener influencia, haciendo pensar en el fin del bipartidismo. Pero cuando se han estabilizado y acomodado lo que ha ocurrido es que se olvidaron de aquello que les hizo nacer. Sin cumplir sus valores originales se siguen creyendo igual de limpios. Y sus líderes…sus lideres sufren el efecto dracarys, y creen que son quienes están en posesión de la verdad, por lo que no admiten ser cuestionados y eliminan cualquier oposición interna. Fuerzas que se integraron en el sistema para transformarlo desde dentro y que además de fracasar, van a desalentar nuevas tentativas de reforma.

Si yo tuviera un dragón, y entenderse dragón como un arma de poder inigualable, probablemente empezara utilizándola para el bien común, acabando con organizaciones dañinas como el narcotráfico, las entidades que ofrecen préstamos rápidos o las tunas. Pero acabaría empleándolo para mi propio bien, o mi capricho. Seguramente me sentiría bien, haciendo uso de mi poder de forma arbitraria, sin importar el resultado. Porque quien se atribuye un día el papel de héroe, cree serlo siempre. Porque quien se considera el bueno en su propia historia, considera que solo puede ser villano en la historia de los equivocados.