domingo, 15 de junio de 2014

DOLOROSAS LECCIONES


Cinco goles como cinco puñaladas nos metieron las naranjas vengativas. Dolorosa derrota.  Ahora lo que se dice es muy distinto de lo que se decía antes del partido, o incluso de aquello que se aseguraba cuando ganábamos 1-0.
Lo que se dice y se piensa con dolor tiene sin duda su parte de verdad. Pero gran parte de las ideas sugeridas por él desaparecen cuando se va o al menos se atenúa. Lo mismo sucede con cualquier sensación o emoción poderosa.
Esta semana por un problema con una muela, o mejor dicho un trozo de ella, yo he sufrido bastante momentos de dolor, a veces intenso, a veces un poco desesperante. Durante ellos la vida no parece un tiempo de disfrute sino más bien lo contrario. Cambia el humor, cambia la mirada, y el ánimo se reduce. Pero en los momentos  en que los que no duele, todo vuelve a iluminarse. Es una gran lección de cómo el interior transforma el exterior.
Hace ya unas horas el dolor partió y espero que su ausencia sea duradera. Y en la paz en la que me ha dejado, pensando sin malas influencias, descubro que si bien es verdad que la sensibilidad estimulada por el dolor se aprecian detalles que en la calma no se perciben, también es cierto que mucha de las malas ilusiones creadas por el dolor se desvanecen. Porque la vida en gran parte, y al menos en la mayoría de las situaciones, es lo que se siente que es, y se siente desde el placer, desde el dolor, la alegría, la pena, la victoria o la derrota. Así tiene que ser y así hay que disfrutarla todo lo que se pueda. Y todo lo que no tenga en cuenta todos los estados es una visión parcial, insuficiente, irreal.
El dolor también nos hace sentirnos frágiles, más incluso de lo que somos. Nos hace creernos incapaces de lograr lo que otras veces ya conseguimos. Pero también esa fragilidad nos hace más prudentes y cuidadosos lo que nos evita males mayores. También nos devuelve la humildad y nos descubre que dependemos de la ayuda de otros, que a su vez necesitan de nosotros.
Así que agradecido ahora de que el acaparador y anulador dominio del dolor haya desaparecido, también he de intentar aprovechar sus involuntarias lecciones. Espero que la selección también lo haga. Me haría mucha gracia ver como los aduladores ahora críticos vuelven a recuperar con prisas y sin reparo sus desmesurados elogios. 

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