DOLOROSAS LECCIONES
Cinco goles como cinco puñaladas nos metieron las naranjas
vengativas. Dolorosa derrota. Ahora lo
que se dice es muy distinto de lo que se decía antes del partido, o incluso de
aquello que se aseguraba cuando ganábamos 1-0.
Lo que se dice y se piensa con dolor tiene sin duda su parte
de verdad. Pero gran parte de las ideas sugeridas por él desaparecen cuando se
va o al menos se atenúa. Lo mismo sucede con cualquier sensación o emoción
poderosa.
Esta semana por un problema con una muela, o mejor dicho un
trozo de ella, yo he sufrido bastante momentos de dolor, a veces intenso, a
veces un poco desesperante. Durante ellos la vida no parece un tiempo de
disfrute sino más bien lo contrario. Cambia el humor, cambia la mirada, y el
ánimo se reduce. Pero en los momentos en
que los que no duele, todo vuelve a iluminarse. Es una gran lección de cómo el
interior transforma el exterior.
Hace ya unas horas el dolor partió y espero que su ausencia
sea duradera. Y en la paz en la que me ha dejado, pensando sin malas
influencias, descubro que si bien es verdad que la sensibilidad estimulada por
el dolor se aprecian detalles que en la calma no se perciben, también es cierto
que mucha de las malas ilusiones creadas por el dolor se desvanecen. Porque la
vida en gran parte, y al menos en la mayoría de las situaciones, es lo que se
siente que es, y se siente desde el placer, desde el dolor, la alegría, la
pena, la victoria o la derrota. Así tiene que ser y así hay que disfrutarla
todo lo que se pueda. Y todo lo que no tenga en cuenta todos los estados es una
visión parcial, insuficiente, irreal.
El dolor también nos hace sentirnos frágiles, más incluso de
lo que somos. Nos hace creernos incapaces de lograr lo que otras veces ya
conseguimos. Pero también esa fragilidad nos hace más prudentes y cuidadosos lo
que nos evita males mayores. También nos devuelve la humildad y nos descubre
que dependemos de la ayuda de otros, que a su vez necesitan de nosotros.
Así que agradecido ahora de que el acaparador y anulador
dominio del dolor haya desaparecido, también he de intentar aprovechar sus
involuntarias lecciones. Espero que la selección también lo haga. Me haría
mucha gracia ver como los aduladores ahora críticos vuelven a recuperar con
prisas y sin reparo sus desmesurados elogios.
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