Las leyes penales, la policía,
las sanciones, las multas, las condenas…Todo esto nos demuestra que hay mucha
gente que incluso castigándola hace lo que no debe. Mucho menos harían
lo correcto si se les dejará total libertad. Poca gente admite ser mala, pero casi todos sucumbimos al egoísmo y a la estupidez. Incluso a veces ni obligándonos hacemos lo que es mejor para nosotros mismos.
Hasta ahora durante el
confinamiento, una gran mayoría hemos hecho lo debido porque se nos ha
obligado. Hablar de héroes por quedarse en casa cuando salir está prohibido me parece
absurdo. No hay mérito cuando no hay decisión libre.
Pero la prisión preventiva no
puede mantenerse mucho tiempo. Hay que empezar a dar libertad condicional, y
trasladar la responsabilidad a la sociedad.
Hay que asumir que va a haber
incumplimientos y comportamientos estúpidos y dañinos. Porque así somos las
personas. Muchos creerán que ahora son mejores, pero no es cierto. Solo madura
el que es capaz de comprender y analizar, y hace el esfuerzo de asimilar e interiorizar
la experiencia. Los demás olvidarán muy pronto. Creerán que pequeños
incumplimientos no suponen ningún perjuicio, y tacita a tacita, cada vez se separarán
un poco más de lo correcto. Incluso teniendo la mejor de las voluntades de
inicio es fácil relajarse, fácil dejar de mantener todas las precauciones. Nada
ayuda que el enemigo sea invisible y que las consecuencias puedan estar muy
lejos del acto en tiempo y espacio. Alguien de Madrid puede ser culpable por
una estupidez de que muera un anciano en Alicante, pero nunca tendrá que asumir
su culpa.
Algunas de las normas nos
parecerán absurdas, sobre todo cuando nos impidan hacer lo que nos apetece.
Nuestros deseos siempre encuentran argumentos para justificarse. Pero es
fundamental que se pongan límites, aunque la policía no pueda velar porque se
cumplan. Porque es necesario que se recuerde que la situación no es normal, que
sigue siendo de extrema gravedad, que no hay que permitirse ningún descuido. Las administraciones
y la prensa deben repetir una y otra vez las tremendas consecuencias que puede
tener hacer lo que no se debe. Y la sociedad también recordarlo a quien incumpla,
advirtiendo, reprochando, incluso denunciando al incumplidor.
Pero a pesar de esos malos
comportamientos, confío en la responsabilidad de la mayoría. Se exagerarán y se
mostrarán con generosidad los incumplimientos. Pero hay que fijarse e imitar el
civismo de muchos.
No confío mucho en la
responsabilidad de los políticos, que rechazarán las disposiciones de las Administraciones
que controlen sus rivales, y aplaudirán las que dicten las que gobierna su
partido. Crearán confusión, inconsistencia, mal ejemplo. Todo lo contrario a la
unidad, que es lo que ahora más necesitamos.
Aún así, no serán ellos ahora los
más importantes. Cuando estamos obligados a la pasividad toda la responsabilidad
es de quien tiene el gobierno. Cuando se da libertad, la mayor parte recae en la sociedad. Cada individuo en cada acto debe asumir su responsabilidad.
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