domingo, 26 de abril de 2020

¿Obligación o libre albedrío?


Las leyes penales, la policía, las sanciones, las multas, las condenas…Todo esto nos demuestra que hay mucha gente que incluso castigándola hace lo que no debe. Mucho menos harían lo correcto si se les dejará total libertad. Poca gente admite ser mala, pero casi todos sucumbimos al egoísmo y a la estupidez. Incluso a veces ni obligándonos hacemos lo que es mejor para nosotros mismos. 
Hasta ahora durante el confinamiento, una gran mayoría hemos hecho lo debido porque se nos ha obligado. Hablar de héroes por quedarse en casa cuando salir está prohibido me parece absurdo. No hay mérito cuando no hay decisión libre.
Pero la prisión preventiva no puede mantenerse mucho tiempo. Hay que empezar a dar libertad condicional, y trasladar la responsabilidad a la sociedad.
Hay que asumir que va a haber incumplimientos y comportamientos estúpidos y dañinos. Porque así somos las personas. Muchos creerán que ahora son mejores, pero no es cierto. Solo madura el que es capaz de comprender y analizar, y hace el esfuerzo de asimilar e interiorizar la experiencia. Los demás olvidarán muy pronto. Creerán que pequeños incumplimientos no suponen ningún perjuicio, y tacita a tacita, cada vez se separarán un poco más de lo correcto. Incluso teniendo la mejor de las voluntades de inicio es fácil relajarse, fácil dejar de mantener todas las precauciones. Nada ayuda que el enemigo sea invisible y que las consecuencias puedan estar muy lejos del acto en tiempo y espacio. Alguien de Madrid puede ser culpable por una estupidez de que muera un anciano en Alicante, pero nunca tendrá que asumir su culpa.
Algunas de las normas nos parecerán absurdas, sobre todo cuando nos impidan hacer lo que nos apetece. Nuestros deseos siempre encuentran argumentos para justificarse. Pero es fundamental que se pongan límites, aunque la policía no pueda velar porque se cumplan. Porque es necesario que se recuerde que la situación no es normal, que sigue siendo de extrema gravedad, que no hay que permitirse ningún descuido. Las administraciones y la prensa deben repetir una y otra vez las tremendas consecuencias que puede tener hacer lo que no se debe. Y la sociedad también recordarlo a quien incumpla, advirtiendo, reprochando, incluso denunciando al incumplidor.
Pero a pesar de esos malos comportamientos, confío en la responsabilidad de la mayoría. Se exagerarán y se mostrarán con generosidad los incumplimientos. Pero hay que fijarse e imitar el civismo de muchos.
No confío mucho en la responsabilidad de los políticos, que rechazarán las disposiciones de las Administraciones que controlen sus rivales, y aplaudirán las que dicten las que gobierna su partido. Crearán confusión, inconsistencia, mal ejemplo. Todo lo contrario a la unidad, que es lo que ahora más necesitamos.
Aún así, no serán ellos ahora los más importantes. Cuando estamos obligados a la pasividad toda la responsabilidad es de quien tiene el gobierno. Cuando se da libertad, la mayor parte recae en la sociedad. Cada individuo en cada acto debe asumir su responsabilidad. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario