“Si uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le da
importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del
Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el
día siguiente.” Thomas De Quincey
Esta frase, por supuesto irónica, por supuesto escrita por un
británico, no sería imposible de defender en su sentido directo. Considerar
menos malo un asesinato, concepto que asociamos de manera inmediata a un crimen
horrible, que una demostración de mala educación como puede ser la
impuntualidad, parece absurdo si no se hace en tono burlón. Pero ¿no sería
posible encontrar alguna causa que justificara el asesinato, como por ejemplo
evitar la muerte de cientos de personas inocentes? O aún más difícil ¿y si la
víctima es un tuno, un mimo o un youtuber? En cambio ¿Existe algún buen motivo
para ser maleducado? Incluso yo, que considero que “El último hombre sobre la
tierra” es una utopía social, no encuentro otros motivos que la dejadez y la
falta de respeto al otro.
Según esta frase lo inaceptable es la falta de voluntad, el abandonar
la disciplina. Casi todas las grandes consecuciones del hombre y de la sociedad
se deben a la disciplina. Como el arte, por ejemplo.
Pensemos en la educación como un arte. Un arte en el que uno se
introduce viendo las obras de otra gente, apreciando su valor y su belleza. Puede
surgir entonces el deseo de imitar esas obras. Para lograr resultados se deberá
ser consciente de la necesidad de una práctica continuada, se deberá procurar
estar atento y ser cuidadoso, no cometer fallos ni abandonar el aprendizaje.
Para eso hace falta voluntad, y esa voluntad se debe ver reforzada por
recompensas (una sonrisa, un “gracias”…) cuando algo se hace bien y castigo
cuando hay descuidos y abandonos (un enfado, un distanciamiento…).
La práctica continuada sin interrupción del arte de la educación crea
el hábito, y cuando eso ocurre todo se vuelve más fácil, porque entonces las
buenas formas surgen de un modo natural sin que suponga ningún esfuerzo. Además
de un gps moral se desarrolla un indicador de la belleza. La moral está bien
como base general, pero para descubrir que postura adoptar ante las infinitas
situaciones posibles creo que es mejor guiarse por una brújula estética.
Grandes problemas de nuestra sociedad son en gran medida debidos a que
no se ha naturalizado el sentido estético. Por ejemplo, la causa fundamental de
lo que ocurrió en la final de copa al sonar el himno, no es el nacionalismo,
sino la falta de educación y respeto. Con independencia de las ideas que uno tenga
y de su nacionalidad, no es posible encontrar belleza en ese acto: nadie puede
sentirse un héroe de la liberación de su patria por silbar un himno rodeado del
resto de su rebaño. Es un acto carente de valor y de ingenio, vulgar y bobo.
Para perfeccionar cualquier arte se necesita mucho tiempo y
se empieza por lo básico y se va evolucionando poco a poco. Así que de momento creo
que es mejor que no afrontemos los grandes problemas, no pretendamos grandes
cambios de un día para otro. No creemos con grandes palabras compromisos
imposibles de cumplir. Empecemos por una práctica que parece sencilla: dejar
salir antes de entrar. Pero asimilando el concepto; no en el literal de no
pretender entrar a sangre y fuego antes de que los demás salgan, sino
extendiéndolo a no obstaculizar la salida permaneciendo plantado en pleno
centro de la puerta. Una vez tengamos esto dominado, podemos pasar a otros
asuntos como no ensuciar las calles, no ser impuntual, no arrancar asientos de
los estadios…
No será rápido pero siendo constantes en el esfuerzo en una
o dos generaciones nuestro mundo será un lugar más habitable….siempre y cuando
nos hayamos adaptado al infernal calor que traerá el cambio climático.
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