La camiseta de la foto es uno de los regalos que me hicieron
mis compañeros de trabajo en mi despedida de Gerona. El burro es un símbolo del independentismo
catalán. Mis compañeros, con los que me llevaba muy bien, eran en gran mayoría
catalanes, y combinaron en el regalo humor y mala leche; eso demuestran que
algo me conocían. Hay que reconocerles el mérito porque tuvieran el tiempo
justo para hacerlo: cinco años.
Se podía tratar el asunto con humor, porque no había ninguna
fuerte tensión en el ambiente. Sí, existía un considerable número de
partidarios del independentismo, y una mayoría, quizá una gran mayoría, de los
catalanes se sentía distante de España. Distante pero sin sentimientos
negativos. Obviamente Cataluña no era, ni es, un pueblo oprimido. No surgía en
los catalanes una furia natural ante la injusticia y la falta de libertad. No.
El ambiente era muy tranquilo. Los
políticos no han escuchado el clamor popular y han obrado en consecuencia. Han
sido ellos lo que se han empeñado en provocar algo innecesario.
Durante años el nacionalismo se ha utilizado por los
políticos como un instrumento. Por supuesto ya existía cuando se recuperó la
democracia, pero ellos se han empeñado en hacerlo crecer. Era conveniente para
seguir gobernando en Cataluña; no importará lo que ocurriera con la economía,
con la sanidad…si uno creaba la conciencia adecuada se podían conseguir votos
simplemente gritando “Catalunya” con voz emocionada. También servía como herramienta
de negociación en Madrid, y cuando digo negociación quiero decir chantaje. Se
gastó mucho dinero para el adoctrinamiento: en educación, en medios de
comunicación. No solo se podía interpretar el presente a conveniencia; también
se podía reescribir el pasado. Todo con el fin de hacer pensar que ser catalán
era algo muy distinto a ser español. Distinto…y ligeramente mejor: la sociedad
catalana era muy avanzada, más desarrollada culturalmente. Allí no se hacían
espectáculos brutales con animales, por ejemplo. El pueblo catalán era capaz de
un progreso ilimitado…pero no podía conseguirlo porque era incomprendido, malquerido
y maltratado. Doy más de lo que recibo es un argumento muy utilizado en
cualquier relación que no tiene en cuenta que el cerebro de los humanos, incluso
el de los políticos, cuenta tres cada vez que da, y se olvida de una de cada
dos que recibe.
Así hemos estado mucho tiempo, con el tema siempre presente
pero sin provocar graves consecuencias.
Así hasta que los convergentes, en crisis, sin credibilidad
por los casos de corrupción, tenían que
hacer algo que les permitiera mantenerse en el poder, aunque fuera algo
disparatado y muy peligroso. Y se aliaron con los esquerranos, que siempre
están allí pero pintando poco, y con unos muchachos confundidos a los que
cualquier causa les parece buena para mostrar su descerebrada rebeldía.
Por supuesto esta iniciativa ha tenido bastante buena
acogida. Primero porque ya estaba listo para la cosecha lo que han sembrado
durante estos años. Segundo por la emoción patriótica es muy buena para atraer
a los más propensos al extremismo que son los que actúan y los que se hacen oír;
los moderados siempre hemos sido muy pasivos.
Y así hemos llegado hasta hoy. Lo que está ocurriendo es muy
triste. A mí personalmente que conservo muchos recuerdos emotivos del tiempo
que viví allí, me afecta mucho, y evito las noticias lo que puedo para no
ponerme de muy mal humor.
Me afecta como español, porque aunque no soy de banderas ni
himnos, siento cariño por mi tierra, como es normal. Y me afecta por la
terrible insensatez que supone, y por las falsedades desvergonzadas que se
dicen.
Hoy no se pretendía nada democrático. Diría que el resultado
es ideal para los convergentes. Estoy convencido de que no deseaban un referéndum
real, en el que existía una considerable probabilidad de que pudieran perder.
Creo que contaban con que el gobierno español tratara de impedir el acto ilegal
que es. Así han podido desarrollar una representación teatral, una penosa
parodia de una votación, en la que solo participan partidarios, donde los
resultados se pueden confeccionar a medida. Además logran unas imágenes espectaculares
con las que pueden presentar, a nivel local e internacional, a la policía y
guardia civil como las tropas del imperio opresor. Y se pueden hacer fotos que
retraten a los gobernantes catalanes emocionados por la épica del momento. Me
pone malo que idiotas irresponsables se presenten como héroes que defienden
derechos fundamentales.
Por supuesto, esta historia no acaba hoy. No se intuye un
final, ningún final. Y el que aparezca es muy poco probable que sea feliz para
nadie. Porque no sóo en Cataluña hay irresponsabilidad y falta de sensatez:
también la hay en Madrid.
Continuará.
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