domingo, 1 de octubre de 2017

¿Quién ha robado el seny catalán?



La camiseta de la foto es uno de los regalos que me hicieron mis compañeros de trabajo en mi despedida de Gerona. El burro es un símbolo del independentismo catalán. Mis compañeros, con los que me llevaba muy bien, eran en gran mayoría catalanes, y combinaron en el regalo humor y mala leche; eso demuestran que algo me conocían. Hay que reconocerles el mérito porque tuvieran el tiempo justo para hacerlo: cinco años.
Se podía tratar el asunto con humor, porque no había ninguna fuerte tensión en el ambiente. Sí, existía un considerable número de partidarios del independentismo, y una mayoría, quizá una gran mayoría, de los catalanes se sentía distante de España. Distante pero sin sentimientos negativos. Obviamente Cataluña no era, ni es, un pueblo oprimido. No surgía en los catalanes una furia natural ante la injusticia y la falta de libertad. No. El ambiente era muy tranquilo.  Los políticos no han escuchado el clamor popular y han obrado en consecuencia. Han sido ellos lo que se han empeñado en provocar algo innecesario.
Durante años el nacionalismo se ha utilizado por los políticos como un instrumento. Por supuesto ya existía cuando se recuperó la democracia, pero ellos se han empeñado en hacerlo crecer. Era conveniente para seguir gobernando en Cataluña; no importará lo que ocurriera con la economía, con la sanidad…si uno creaba la conciencia adecuada se podían conseguir votos simplemente gritando “Catalunya” con voz emocionada. También servía como herramienta de negociación en Madrid, y cuando digo negociación quiero decir chantaje. Se gastó mucho dinero para el adoctrinamiento: en educación, en medios de comunicación. No solo se podía interpretar el presente a conveniencia; también se podía reescribir el pasado. Todo con el fin de hacer pensar que ser catalán era algo muy distinto a ser español. Distinto…y ligeramente mejor: la sociedad catalana era muy avanzada, más desarrollada culturalmente. Allí no se hacían espectáculos brutales con animales, por ejemplo. El pueblo catalán era capaz de un progreso ilimitado…pero no podía conseguirlo porque era incomprendido, malquerido y maltratado. Doy más de lo que recibo es un argumento muy utilizado en cualquier relación que no tiene en cuenta que el cerebro de los humanos, incluso el de los políticos, cuenta tres cada vez que da, y se olvida de una de cada dos que recibe.
Así hemos estado mucho tiempo, con el tema siempre presente pero sin provocar graves consecuencias.
Así hasta que los convergentes, en crisis, sin credibilidad por los casos de corrupción,  tenían que hacer algo que les permitiera mantenerse en el poder, aunque fuera algo disparatado y muy peligroso. Y se aliaron con los esquerranos, que siempre están allí pero pintando poco, y con unos muchachos confundidos a los que cualquier causa les parece buena para mostrar su descerebrada rebeldía.
Por supuesto esta iniciativa ha tenido bastante buena acogida. Primero porque ya estaba listo para la cosecha lo que han sembrado durante estos años. Segundo por la emoción patriótica es muy buena para atraer a los más propensos al extremismo que son los que actúan y los que se hacen oír; los moderados siempre hemos sido muy pasivos.
Y así hemos llegado hasta hoy. Lo que está ocurriendo es muy triste. A mí personalmente que conservo muchos recuerdos emotivos del tiempo que viví allí, me afecta mucho, y evito las noticias lo que puedo para no ponerme de muy mal humor.
Me afecta como español, porque aunque no soy de banderas ni himnos, siento cariño por mi tierra, como es normal. Y me afecta por la terrible insensatez que supone, y por las falsedades desvergonzadas que se dicen.
Hoy no se pretendía nada democrático. Diría que el resultado es ideal para los convergentes. Estoy convencido de que no deseaban un referéndum real, en el que existía una considerable probabilidad de que pudieran perder. Creo que contaban con que el gobierno español tratara de impedir el acto ilegal que es. Así han podido desarrollar una representación teatral, una penosa parodia de una votación, en la que solo participan partidarios, donde los resultados se pueden confeccionar a medida. Además logran unas imágenes espectaculares con las que pueden presentar, a nivel local e internacional, a la policía y guardia civil como las tropas del imperio opresor. Y se pueden hacer fotos que retraten a los gobernantes catalanes emocionados por la épica del momento. Me pone malo que idiotas irresponsables se presenten como héroes que defienden derechos fundamentales.
Por supuesto, esta historia no acaba hoy. No se intuye un final, ningún final. Y el que aparezca es muy poco probable que sea feliz para nadie. Porque no sóo en Cataluña hay irresponsabilidad y falta de sensatez: también la hay en Madrid. 
Continuará.

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