Recibir un mensaje suyo agita todo mi interior.Ver en mi
pantalla su rostro anhelante de buenas noticias, escucharle relatando su
situación con temor, resulta muy dificil de encajar. Responderle es aun más
duro. Supone un gran esfuerzo. Tengo que conseguir calmarme. Mostrar serenidad.
Y aún más difícil, transmitir ánimo, convencer de que todo ira bien.
Él es como yo un viajero solitario, un explorador del
espacio. Su nave sufrió una avería y es atraído por un agujero negro, sin poder
hacer nada para remediarlo. En un momento pasó de disfrutar con libertad de
todo el universo a ser un prisionero de gravedad.
Me pregunta por la operación de rescate. Cada vez con mayor
temor, cada vez máz derrotado. Me pregunta si sé cuando llegaran, si me informo
cada poco tiempo, si me quejo por el retraso. Yo le contesto que tenga
paciencia, que pronto estarán allí. Nunca me quedo satisfecho cuando termino
una transmisión. Me gustaría dar un mejor consuelo, aportar algo de
belleza, de alegría. Pero no puedo, no
soy capaz. No encuentro dentro de mi nada suficientemente bueno para
conseguirlo.
Compartimos muchos momentos en el pasado. Me resulta duro y
triste pensar en su situación. Me siento mal por no poder hacer nada. Siempre
me he reprochado mi falta de valentía, pero pocas veces pensarme cobarde me
resultó tan doloroso. Es verdad, que cuando reflexiono con la emoción contenida
acepto que aun cuando pudiera llegar hasta él, con mis pocos medios nada podría
hacer para salvarle, y si lo intentara habría una alta probabilidad de que yo
también fuera absorbido por la oscuridad absoluta. Se que debo proteger mi
nave, continuar mi viaje, pero aun así…
El agujero negro se ha instalado en mi pensamiento. No he
perdido ganas de vivir ni deseos de disfrutar, e incluso ha aumentado el
impulso de aprovechar mis oportunidades, de hacer y de experimentar. Soy más
consciente del valor de cada acto, de cada instante. Pero hay una sombra, una
densa sombra, siempre presente.
Cuando detengo el viaje, intento aprovechar mi tiempo, bien
conociendo habitantes de planetas que nunca he visitado, bien compartiendo
tiempo con viajeros amigos cuando regreso a una de nuestras bases. Juego, rio,
escucho nuevas historias, y disfruto pero siempre bajo la sombra. A cada
sonrisa le acompañaba una lágrima. Lágrimas que no selen a la superficie y
forman corrientes internas. Sigo leyendo,
sigo pensando, sigo escribiendo, pero encuentro más alivio en actividades sin
peso. La ligereza elude, al menos un tiempo la gravedad, pero no tiene fuerza
suficiente para derrotarla.
Los días en los que estoy solo en mi nave, me concentro en
mis tareas, en la navegación y el mantenimiento. Los ratos libre procuro
acumular sensaciones agradables. Aunque es muy complicado en el espacio,
intento comer siempre algo sabroso. Escucho música que da energía, veo
películas y series que me aportan calidez, que me recuerdan tiempos sin
preocupaciones. Pero por frecuentes que sean estas buenas sensaciones siempre
hay un hueco en el que puede colarse el agujero.
Me pregunto que haría yo, que pensaría, que sentiría si me
encontrara su lugar. Se seguro que me querría que me prometiesen que me dicen
la verdad, como yo se lo prometo a él, pero que preferíría que me mintiesen si
ello fuera necesario para que tuviera hasta el final una esperanza, algo a lo
que aferrarme. ¿En que ayudaría decir la verdad? Una verdad que comunicaría la
condena.
Me pregunto que haría yo si supiera que ninguna ayuda es
posible. Que cuando nuestros mandos se plantearon el rescate descubrieron que
ni la más rápida de las naves tenía ninguna posibilidad de alcanzar la zona y
traerle de vuelta.
Que haría en el tiempo que me quedara. Solo, en mi nave, sin
apenas comunicación. Quizá trataría de sacar el máximo partido a cada mensaje de mis sentidos. O me refugiaría en alguna de
mis historias favoritas. Tal vez todo sería memoria. Encontrando refugios dulces,
pero también haciendo balance, con arrepentimiento, con lamento. En cualquier
caso mucho mejor recordar que pensar en un breve y negro futuro.
Pienso que por lejos que pueda llegar no encontraré el fin.
Ningún sentido, ninguna respuesta que me proporcionara paz en una situación
así. Nada mejor se me ocurre que continuar con mi viaje. Siempre en movimiento.
Una huida indeferente al destino. Con un único propósito inmediato: buscar
estrellas y otras fuentes de luz que me permitan vencer batallas a la oscuridad
hasta la inevitable derrota definitiva.